Volvería a ser lo que soy: Una astronauta, no soy de tener los pies sobre la Tierra.

24.2.14

Hoy estaba observando a un niño en los hombros de una mujer, abriendo los ojos enormes ante una multitud que lo aplaudía. Tenía tres o cuatro años y restos de lagrimas en la cara. Escuchaba los aplausos boquiabierto. Qué paradoja es esta costumbre del ser humano. Recordé cuando tenía la altura de las piernas de mi mamá. Si hubiera sabido que iban a festejar mi descuido al alejarme de mi sombrilla, hubiera corrido tras cada barrilete que volaba por encima de la playa.

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