Mi cielo, me tomaría toda la sal del mar para abrazarme un rato más a tu cintura. Y pisaría, descalza, cada baldosa floja de Buenos Aires para besarte la boca como alguna vez me la entregaste. En el mismo ayer que transcurría cuando, haciendo el amor, me decías lo que sentías por mí. La misma sensación de escribirte en el brazo el mañana que soñaba junto a vos.
A veces me pregunto que sería de mi realidad si los conceptos que tengo del tiempo fueran otros. Si el pasado que tuve con vos conviviese con el presente que desearía tener, o si el futuro que nos parece tan vacío como los ojos de alguien que no ve no fuera más que tus miedos que se enmarañan con los míos y forman nudos en nuestras cabezas.
Tengo ganas de sentarme en tus piernas y desenredarte algunos con los dedos, otros con la boca y los demás…
Los demás se van a ir aflojando solos.
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