Volvería a ser lo que soy: Una astronauta, no soy de tener los pies sobre la Tierra.

31.8.13

¿Qué es lo que está bien y qué es lo que está mal? ¿Por qué siento ese impulso desde el centro del pecho o esa voz rozando mi oído? Me pregunto que factor en mi mente es el que cambia cuando te elijo o cuando no lo hago o que significa tu nombre en cada paso que doy. Aparece esa misma escena, con los mismos colores y las mismas palabras, que inunda mi cabeza de preguntas sin respuesta, de mierda y mucho humo de cigarrillo. Tenerte es el deseo más firme que puedo imaginar ¿Por qué sos tan puro? ¿Por qué brillas tanto? Y cuando finalmente alejo mis pensamientos de ese olor a tu esencia que todavía tengo tan impregnado, vuelvo a pensar en tus tu forma de andar y tus pecas y me pierdo una vez más.

13.8.13

Miércoles 14

A ver, en este momento en que estoy acá y en ningún otro lugar, te apagaría catorce cigarrillos en el medio de la cara. No sé si me importa, no sé si quiero hablar de esto. Lo único que sé es que no sé una mierda, no sé porque valdría la pena auto-destruirme un par de minutos más por esto. Este es el post de un martes 13 de mierda, que si no hubiera sido eso quizás sólo hubiese sido un martes más, así que entonces no importa. Voy a dormir.

6.8.13

Dexter

Perdón, perdón, perdón.
Cuando deje de repetirlo va a ser cuando logre perdonarme.
Cuando logre perdonarme voy a dejarte ir.
Y cuando te deje ir, te pido por favor que me perdones.
Sólo conoceremos nuestro futuro una vez que aprendamos a aceptar nuestro presente.
Escribo cuando viajo, cuando camino y cuando duermo. Trato de no hacerlo en modo automático, aunque a veces prefiero los gritos de mi ciudad a la voz de mi cabeza. Siento que desperdicio ideas sin plasmarlas en una hoja, me desespera pensar que una idea sin concluir, es una idea que viaja hacia ningún lugar. Escribo para mí y para otros que quieran leerme. Escribo para que cuando no esté haya dejado suficientes destellos de mí para no necesitar ser un fantasma. Porque cuando alguien lea lo que alguna vez escribí, sabrá quien soy.
Perdón por no llevarte a ver el mar.

Capítulo 1

1978, junio.
-Deja ya esa maldita maquina de escribir y sube a ver el mar.-refunfuñó Marcos esbozando una mueca grosera desde las escaleras. A su alrededor, la madera de roble inundaba el pasillo, lo hacía ver como esos grandes cuartos antiguos que aparecían en las películas que tanto le gustaban a José. Los clavos que alguna vez estuvieron pulidos y brillantes, esa mañana parecían más desgastados que de costumbre, lo que daba la escena la esencia de lo que realmente era: Un barco que pedía a gritos mantenimiento.
-No me dejas oír mis pensamientos.-José le lanzó entonces la mirada más desafiante que podía a Marcos. Y sólo para dejar en claro cuan molesta estaba, deslizo con sus uñas comidas un largo mechón más oscuro que el resto por detrás de su oreja, a la par que emitía un largo soplido de resignación.
Marcos entendió el mensaje y subió a regañadientes los altos escalones hacia la cubierta. El olor a peces era envolvente y ni siquiera la brisa salada que recorría su cuerpo pudo sacarle una sonrisa. Cerró los ojos. "Falta poco, Negrito"
"Negrito" era una de las pocas cosas que le había dejado su infancia. Es decir, una de las pocas cosas que gustaba recordar. Se trataba del sobrenombre que le había puesto su tía María, mientras lo miraba limpiar la chimenea sin mover ni uno sólo de los pesados músculos que llevaba encima. En ese entonces Marcos era más bajo que la mayoría de los niños de su edad, además de mucho más delgado, razón por la cual se le había asignado tan desafortunada tarea. El polvillo que le cubría la cara resaltaba con increíble nitidez sus grandes ojos café, en ese entonces más profundos y hasta un par de tonos más claros que los cansados que llevaba en el barco el día a día. María se encargaba con una dedicación maternal a limpiarlo una vez finalizado el trabajo, y algunas veces le regalaba un par de centavos, sólo para ver brillar sus ojos una vez más.
-Dime cuanto me quieres-Le susurraba sonriente. La anciana mujer estaba sola en el mundo. Y ese 1953, fue el año más frío de su vida. No encontró entretenimiento más allá de limpiar la casa, así que se paseaba por la casona del Palomar refunfuñando y retando a Marcos cada vez que podía. Se había enamorado de él la primera vez que lo había visto. Sentado en el cordón de la vereda contando ramitas, con tan sólo cuatro años. Quería al niño más que a nada, y cuando pereció, lo hizo triste, pensando en cuan abandonado lo estaba dejando en el mundo, y que con sus 17 años, esos pocos billetes y la casa que se venía abajo, muy lejos no iría a llegar.
Marcos miró el cielo mientras recordaba las arrugas de la mujer, en su pelo blanco como las nubes, y en esos anteojos tan gruesos que siempre olvidaba sobre la mesa de luz. En un lapso más corto del que podría haber disfrutado, se sintió completo por dentro, y hasta sonrió. "Cuan pocos son los momentos que quiero llevarme cada vez que viajo, pero que bien me hacen."
"Te miro", me dijo. Se me llenaron los ojos de bronca, y me ardieron tanto que no pude llorar. El silencio inundó la habitación casi tan rápido como pensamientos negativos mi mente. ¿Cómo hacés para decirle a tu boca que no diga lo que está pensando? Y lo que decís ¿Lo pensás vos, tu pasado o el presente que te gustaría tener?

Sebastián

Desde atrás del vidrio, se veía tan desafortunado como sucio. Como sus cordones mojados y su campera dos talles menos de lo que debería ser. Tan cabizbajo que era dueño de una pequeña sombra debajo de su pera. Dueño. Una palabra demasiado grande para ser suya. Los ojos de mar, tan profundos como sinceros. Las manos en los bolsillos vacíos, los hombros un poco más arriba que la linea de su clavícula, en posición de desinterés. Tenía la mirada más desesperanzada que había visto en mi vida, y una mueca tan terca que generaba rechazo. A cualquiera se le hubiera caído una lágrima de verlo, pero la lagrima se le cayó a él. En ocho años y unos centavos más, nunca se había parado tan erguido, se limpió las manos en el pantalón, y un pequeño temblor recorrió su cuerpo, unos pocos cabellos se le despeinaron. Finalmente titubeó inseguro: "¿Mamá?".
No soy la misma que ayer, no quiero ser la misma que ayer. No quiero estancarme en el mismo lugar escuchando la misma maldita canción. Yo misma tiene muchos enfoques, muchos giros, mucho más que siempre lo mismo. Y sí, estoy orgullosa de haber cambiado en cambiar. Estoy orgullosa de mi falta de inspiración, estoy orgullosa de escribir en primera persona. Estoy orgullosa de ser cada vez más compleja y por último, estoy orgullosa de haber encontrado mi puta llave de la felicidad. Cambié.
Sólo en una noche estrellada, con un vestido blanco y el maquillaje corrido, tendría sentido que gritara cuan tuya es mi alma y cuanto daño le has hecho. Pero no me quedan ganas ni de levantarme a abrir las cortinas, no me quedan ganas de erguir mi par de piernas para irte a buscar.
Quizás solamente sos un monstruo de tantos que andan en mi divergencia mental, de esos que me cree estratégicamente para sentirme más viva en los momentos en que pierdo el aliento. Quizás seas alguna pelusa escondida entre mis cajones, o en las mangas de mi camisa. Supongo que no lo sabré hasta que te pierda, y en el resentimiento y el recuerdo, todo tenga más sentido.
Hoy es Domingo. Ayer fue Domingo. Mañana va a ser Domingo.

Soy astronauta, no soy de esas que tienen los pies sobre la Tierra

Si esto no es amor, es sólo lo que inventé para nosotros dos.
¿A donde se van las cosas que pienso cuando no las estoy pensando?

Joaquina

Cuando te miro me doy cuenta que existo porque me inspira tu forma de sentir y la forma en que caminas levantando esa cruz enorme sobre tu pecho. Sólo acompañarte en esa tarea me transmite fuerza, y ganas de seguir creciendo. Darte todo lo que pueda para ayudarte a ser feliz es todo lo que sé hacer. Y sé que no es mucho, pero si terminara el universo, me quedaría con vos, sólo con vos.

Un lunes por el 2012

Se me entumecen los dedos, y te miro respirar agitado mientras levantás la cabeza. Dos o tres gotas de sudor caliente corren sobre tu frente, y con todo ese calor envolviendonos, sonreís. Sigo sintiendo esa extraña sensación de estar dentro tuyo, a lo mejor será porque tanta piel y tantos sentimientos entrelazandose, sólo me abruman. Y así, me mirás con las cejas despeinadas, te mordés el labio y me besás, con esa satisfacción infinita de saber que estás haciendo bien las cosas, esa paz inundando mis venas. Tu cuello encaja perfecto con el mío, mientras que tu ombligo se besa con el mío, haciendonos saber que toda nuestra escencia es complementaria. Fugazmente, me siento bien.
Si tengo que hablar de ambiciones, no creo ser la más adecuada.Pero fue mi pasión la que me trajo hasta acá, fue el fuego dentro mío que no quise ni quiero controlar, y fue dejarlo salir lo que logra día a día hacerme más fuerte. La certeza de tener todos los sentimientos en su lugar, y la seguridad de sentirme plena desde cada hueso de mi cuerpo. Como si no hiciera falta escribirlo, si todo está tan ordenado en mi cabeza. Hoy, y como bien me dijeron, sólo tengo las responsabilidades que yo me exijo. Y es mi determinación la que me pide que grite que todo estuvo bien, que todo está bien y que estará mucho mejor.
(Un domingo de esos que estaba de buen humor)

Algún lunes de por ahi

Me besa sólo cuando quiere llegar al fondo de mi alma, y curó con unas pocas palabras lo que me quedaba de corazón.
Sos agua, sos viento que acaricia. Sos mar, imposible terminar de entenderlo, imposible cansarse de intentarlo. Sos libertad, sos el sincero deseo de querer a alguien, de dar, sin buscar una devolución. Sos realidad, lo único que quiero reconocer como real, sos lo más sincero que quiero sentir. Sos hombre y niño, sos luz, sos paz. Sos el único dueño de mi tranquilidad. Sos aire, sos lo que necesito para poder estar bien. Sos lo que le hacía falta a mi vida. Y lo que más amo de ella. 

Algún martes por el 2010

Me despierto con una sonrisa, pero el más mínimo roce con tu nueva vida me pone el mundo de cabeza ¿Por qué me costará tanto aceptar que te fuiste y que no tenés ningún interés en volver? El peso sobre mis hombros llega de repente, y me saca las ganas de escribir, de caminar, de levantarme. Y cuando lloro, lloro desde adentro y de corazón, ese mismo que se partió hace tantos meses, y aunque a veces lo disimule, aunque a veces me olvide, nunca pude terminar de curar.
Te extraño.

Algún sábado hace mucho tiempo

Tiene algo de jugador de futbol retirado, sonrisa de ganador, mirada perdida entre mujeres y el calzoncillo siempre del revez. Entre metrosexual y descuidado, no le preocupa la filosofía ni la historia. Un Borges perdido entre ideas aleatorias, desinteresado de todo lo demás. De todas las formas posibles aferrado al suelo, de caminar liviano y sueño pesado. Un corazón extremadamente despreocupado y con miedo al compromiso, con ganas de jugar. Pero cuando te mira a los ojos... ya no existe nada más.
Tu sonrisa, mi mejor accesorio
Hoy me despierto y miro por la ventana. Es tarde y el cielo tiene un tinte raro, medio azulado, medio naranja. Tengo sabor a vos en los labios, y una sensación rara entre los dedos. Sin mover un músculo, sin prender la luz: miro el techo blanco. La fecha me desconcierta. Me siento entre las sábanas desordenadas y pronuncio tu nombre en silencio. Que dificil que es extrañarte.
Si al final de cuentas, si en el último renglón del libro, las letras siempre son las mismas. Si en cuestión, estoy parada en la misma habitación, siempre miro hacia el mismo lugar, siempre pronuncio las mismas palabras. Llega un momento dificil y extremadamente incómodo en que te miro a los ojos y me dejo llevar por los labios, esos que, en conclusión, siempre terminan en la misma boca. Aprendí cantando, que la melodía siempre es la misma, porque al fin y al cabo, siempre vas a ser mi canción favorita.
Soy el humo que sale de tu cigarrillo y recorre con cuidado y precisión cada rasgo de tu cara, soy el café caliente que te tomas sin darte cuenta y la sonrisa que se te escapa en el subte. Soy la gota de sudor desinteresado que te corre por la nuca y la hoja de árbol naranja que se cruza en tu camino de vuelta a casa. Estoy en cada paso que das por Buenos Aires y cada vez que puedo te planto un beso en el cuello para recordarte que estas vivo. Porque ya no me río de tus estornudos o te beso entre los ojos pero sigo acá, existo en cada palabra que salió de mi mente y en todas las veces que te dije "te amo" al oído. Y voy a seguir existiendo mientras le prestes atención a eso, mientras me tengas presente en cada vez que busques entre la forma de las nubes mi lunar en el cuello o los moretones de mis rodillas. Porque me fui, pero no te dejé.