Volvería a ser lo que soy: Una astronauta, no soy de tener los pies sobre la Tierra.

24.2.14

Caminé hasta la quinta mesa, al final del pasillo de piedras naranja. Me senté en el asiento verde, entre un tacho azul desgastado y la puerta de rejas verdes. Observé llegar al paseador de perros pateando palomas con sus dogos y un bulldog marrón, con esa expresión medio enojado, triste y desalmado. Saqué el pan de ayer y tiré un par de migas al piso. Vinieron pájaros y se las comieron. Me acomodé los mismos anteojos que tengo hace unos veintiocho años y miré el reloj de mi padre para confirmar que eran las 11.08. Ese lunes, todo parecía ser como cada lunes: Tieso, naranja, rubio.
Me presento, hace ochenta y un años que me llaman Luis y hace quince que vengo a esta plaza por Vicente López.
Pienso que existe una delgada línea entre la rutina aburrida y los hábitos sanos y calculo que son unos treinta años. No importa que tan sano sea el hábito que tengas a los veinte, la sociedad te va a regañar por tener una rutina aburrida. Y no importa que tan aburrida sea tu rutina a los cincuenta, la sociedad siempre te va a felicitar por tener hábitos tan sanos. Como si fuera ilegal que un joven tenga una rutina aburrida y obvio que un viejo debe tener hábitos sanos. Como si fuese natural que los jóvenes deban patear las palomas y los viejos las alimentemos.
Se hacen las doce y me levanto para volver al geriátrico, me volteo y miro la mesa: las piedras naranja, el asiento verde y el bulldog marrón. Hasta el lunes. 

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