Volvería a ser lo que soy: Una astronauta, no soy de tener los pies sobre la Tierra.

6.8.13

Sebastián

Desde atrás del vidrio, se veía tan desafortunado como sucio. Como sus cordones mojados y su campera dos talles menos de lo que debería ser. Tan cabizbajo que era dueño de una pequeña sombra debajo de su pera. Dueño. Una palabra demasiado grande para ser suya. Los ojos de mar, tan profundos como sinceros. Las manos en los bolsillos vacíos, los hombros un poco más arriba que la linea de su clavícula, en posición de desinterés. Tenía la mirada más desesperanzada que había visto en mi vida, y una mueca tan terca que generaba rechazo. A cualquiera se le hubiera caído una lágrima de verlo, pero la lagrima se le cayó a él. En ocho años y unos centavos más, nunca se había parado tan erguido, se limpió las manos en el pantalón, y un pequeño temblor recorrió su cuerpo, unos pocos cabellos se le despeinaron. Finalmente titubeó inseguro: "¿Mamá?".

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